domingo, 16 de noviembre de 2008

La poesía Juglaresca: La cultura popular del medioevo


La poesía Juglaresca: La cultura popular del medioevo

La figura por antonomasia de la diversión popular en la Edad Media: fue el Juglar. Pero, es necesario cuestionarnos ¿El porqué de su importancia?

El jocularis fue un personaje perteneciente al vulgo, que recitaba acontecimientos de manera burlona, sin metro; pero con aliteraciones burdas y con una capacidad de oratoria para componer versos in situ (en el sitio o lugar). No tenía estudios clásicos y a pesar de esto; utilizó las formas histriónicas más primitivas para aprehender la atención de sus escuchas.

La importancia que su arte proporcionó en las artes histriónicas y en la literatura oral, es la inserción de un espectáculo público fuera del ámbito de las grandes cortes, las casas nobles y sobre todo, fue un entretenimiento extra secular.

Dentro de la literatura oral en la antigua Grecia (conocida como la Magna Hélade) los Aedos eran personajes que recitaban la poesía épica, su histrionismo primitivo para recitar sólo lo conserva el teatro. Necesariamente tenemos que hablar de los actores griegos puesto que ellos desarrollaran las técnicas con las que formaran los puentes comunicativos entre espectáculo y público.

De ellos sabemos, que eran personas las cuales dentro de su categoría social atañen a la de meros objetos. Eran esclavos que se les adiestra para representar una vida alterna, puesto que la suya no les pertenece. Esta información nos refiere su marginalidad la cual esta también asociada al juglar; de esta manera estos elementos se conjugan, así como la intervención de lo grotesco y lo carnavalesco en la diversión popular.

La diversidad literaria fue la parodia y esta misma representación esta repleta de diversos personajes extraños, así mismos pertenecientes a la cultura carnavalesca que fue el único escape a las actividades cotidianas; por lo mismo esta se divide en:

Formas y rituales del espectáculo. Las procesiones eran estrictamente necesarias para el posterior festejo y así mismos estaban excluidos de todo dogmatismo religioso o escolástico. Por lo tanto surgen de sí mismos una nueva forma teatral, animada con imágenes populares y cargadas de formas decididamente exteriores a lo religioso.

El carnaval ignora toda distinción entre espectadores y actores, los invade y obliga a convertirse en uno de ellos. Durante el ritual del festejo, la gente lo vive, lo respira. Durante el carnaval no hay otra vida que el mismo. Los bufones y payasos son característicos de estas fiestas. Y aunque parezca paradójico tenían una vida dual; a la vez real e irreal. Es la misma vida que se interpreta a sí misma y es a su modo particular una existencia alterna. Su principio vital es la risa. La muerte, la resurrección las sucesiones y la renovación constituyeron siempre los aspectos esenciales de la fiesta.

Obras cómicas verbales. Son obras en latín o en lengua vulgar. La risa era ambivalente y festiva. Por lo tanto proporcionaba a los hombres con obligaciones oficiales (clérigos, monjes o sabios) a mirar su situación desde un punto de vida carnavalesco. El juego consistía en parodias de los evangelios, liturgias y plegarias.

Michael Bajtin dice: se escribieron testamentos paródicos… tolerados en cierta medida por la Iglesia. Algunos ejemplos de esta literatura de aspecto carnavalesco lo podemos observar en “El elogio de la locura”.

En el caso de la epopeya paródica la escena hay elementos de dobles cómicos, bufones animales.


Diversas formas de tipo de vocabulario. A su vez se observan fenómenos lingüísticos como las groserías, las palabras injuriosas y las obscenidades que fueron utilizadas dentro de un contexto que otorga un lenguaje diferente y divertido a la legua familiar llenas de un carácter propio del carnaval. Todas estas formas fueron modernizadas durante la literatura del renacimiento pues son una herencia de la cultura cómica popular a la cual nos referiremos como realismo grotesco. Su rasgo es la degradación o mejor dicho por el mismo Bajtin: La transferencia del plano material y corporal de lo elevado, espiritual, ideal y abstracto…lo alto y lo bajo poseen un sentido topográfico…significa entrar en comunión con la vida de la parte inferior del cuerpo. Esto tiene un sentido regenerador. Es un estadio de muerte y renacimiento.

Estas imágenes de lo grotesco conservan su esencia y se diferencian de la vida cotidiana; son ambivalentes y contradictorias a la vez. Desde un punto de vista estético parecen deformes, monstruos de una materia tradicional como: el coito, el embarazo, la vejes, el alumbramiento etc.

Debemos de entender que este sistema de imágenes se desarrolla en la cultura cómica popular de La Edad Media y alcanza su epopeya artística en la literatura del Renacimiento.

Posteriormente hacia el siglo XVIII la figura del Juglar se mantendría con una invalorable mutación en el período literario conocido como el Romanticismo, con esto nos referimos a la figura del Arlequín.

Los mimi, histriones o thimelici, son términos que proceden del teatro romano y los cuales usan diversas artes para entretener, este es el origen del jocularis el cual proviene del latín vulgar joculator; que significa “bromista u hombre de chanzas”. Por su parte, la palabra mester procede de ministerium y oficio.

La influencia juglaresca infirió directamente a la creación de las leguas literarias modernas. A demás de ser un medio de propaganda política, un juglar podía considerase por algunos magistrados como condenables o dignos; y llegar al extremo de ser totalmente vergonzosos en su categoría más baja. Los llamados Goliardos, fueron individuos conocidos por su afición a la fiesta, las tabernas, el juego y su conducta indecente.

En el texto de Ramón Méndez Pidal Poesía Juglaresca y Juglares cita a Méndez Pelayo en su definición del arte juglaresco, como: El modo de mendicidad más alegre y socorrido, y a ella se adherían lo mismo infelices lisiados, truhanes y chocarreros, estudiantes noctámbulos, clérigos vagabundos y tabernarios…todos desheredados de la naturaleza y de la fortuna que poseían alguna aptitud artística y que gustaban de la vida al aire libre o tenían que conformarse con ella por dura necesidad.

Esta descripción nos hace mención a sujetos que pertenecen a los simples, con gran jocosidad vagan a través de los poblados y se reúnen en la plaza pública para entretener y no como instrumento de repetición dentro de las estructuras sociales de las cortes; las cuales reproducían la idealizada vida del sistema feudal.

He de referirme a Montesquieu, cuando decía que las cosas más importantes se expresan jugando. Precisamente, el Juglar podía meterse en grandes aprietos. Ya que algunos temas incluían gobernantes y su mal ejercicio del poder, así mismo el esposo engañado del poblado. Es por ello, que también adoptaban seudónimos como: Pedro Aguado, Alegret o Saborejo.
Sí se preguntan ¿Cómo es que estos nombres son conservados hasta nuestros días? La respuesta se obtiene gracias a los registros de legisladores, pagos hechos por personas pudientes que les protegían, a demás de registros gráficos como miniaturas y fuentes de variado orden. Un ejemplo es Alfonso el Sabio rey de España y su juglar Cornamusa, el cual se encuentra registrado en una miniatura.

No podríamos formar un arquetipo de la vestimenta juglaresca y sobre todo sus instrumentos, ya que algunos, como ya hemos mencionado con anterioridad se encontraban en estado de mendicidad; así como otros gozaban el favor de personas pudientes. Por lo tanto tenían que valerse de su voz, su ingenio, de piruetas, cabriolas y trajes que hiciesen referencia a la risa. Cuando las posibilidades así lo permitían, las citaras acompañaban la narrativa, una flautilla o tambores.

Su habilidad para recitar lo era todo para el Juglar, ya que podía morir de hambre; pues ya hemos mencionado que vivían de la caridad de la plaza pública donde se presentaban.

Dos ejemplos de sus canciones nos muestran la jocosidad de sus retahílas e ingenio:


In taberna quando sumus,
Non curamos quid sit hemus,
Sed ad ludum properamus,
Cui semper insudamus.






Cuando estamos en la taberna,
no nos preocupamos de nuestro entierro,
sino que nos precipitamos al juego,
en el que siempre nos afanamos.




No cabe duda que el mestre de juglería, era un personaje que podía albergar matices variopintos, lo cual nos lleva a reconocer su arte como un protagonista que influyo de manera notable la vida del medioevo, el cual abatía el aburrimiento de ambos sectores sociales.

No me queda más que concluir sin extenderme en el tema, que su influencia y su capacidad dentro de la literatura son innegables y han persistido a través de innumerables mutaciones hasta nuestros días. Satán Marnau.

2 comentarios:

x dijo...

Mi muy estimado, pues bien, mándame su link y yo les paso el mío va que va??
besos.

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